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Cultura y Memoria
El rescate de la memoria de Eduardo Galeano

Por Diego Jaramillo Salgado*
Diego Jaramillo Salgado es profesor jubilado de la Universidad del Cauca. 
Doctor en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México

Poca a poco van desfilando los escritores que no se mimetizaron con el poder ni con la hegemonía cultural que doblega al mundo. Hace un año lo hizo Gabo. Cercano a líderes mundiales tuvo la capacidad de mantener una distancia crítica frente a ellos y a aquello que acentuaba las desigualdades económicas y sociales. Ahora se despide Eduardo Galeano dejando viva su palabra en varios textos en que hace emerger aquella negada por todo tipo de dominación.
Es quizá cierto que los medios electrónicos van desplazando el interés por lo escrito, y, por ende, los literatos van pasando a un segundo plano en las preferencias de lecturas. Sin embargo, siguen subsistiendo nichos culturales que se niegan a dar sepultura al placer de degustar buenos textos literarios. De la misma manera, los mismos medios abren espacios a sus autores en medio de su dominante frivolidad. Lo cual hace que algunos de ellos vayan estableciendo afectos con aquellos que, de una u otra forma, producen una sintonía con sectores de la población que se sienten interpretados o reproducidos en sus obras. 

Ese es quizá el caso del uruguayo Eduardo Galeano. Uno de los puentes para su reconocimiento se produjo con el libro Las Venas abiertas de América Latina (1971) que introdujo una historia en diálogo consigo mismo y con la gente. Rompiendo con ello el estereotipo de los académicos de un lenguaje abstracto que solo lo comprenden quienes escriben igual que ellos. “Se me hace cuesta arriba, lo confieso, leer algunas obras valiosas de ciertos sociólogos, politólogos, economistas o historiadores, que escriben en código. El lenguaje hermético no siempre es el precio inevitable de la profundidad”, decía. Pues este texto tenía esa bondad de expresar una historia en que se rescata la memoria de los pueblos encubierta con el velo de la dominación. Todo tipo de dominación. Favorecido en ese momento por un auge de las izquierdas no solo políticas sino también culturales. Expresadas en el teatro, la danza, la literatura, el cine. Una obra así no podía menos que convertirse en patrimonio cultural de las barriadas y de los colectivos sindicales, gremiales, comunales, campesinos.

Su producción posterior siguió un rumbo similar, acentuado en el rescate de una memoria de los saberes que la hegemonía excluye y propicia su arrasamiento. Porque “se obliga al oprimido a que haga suya una memoria fabricada por el opresor, ajena, disecada, estéril”. Los mitos, las tradiciones, las leyendas fueron convirtiéndose en sus textos. La vida cotidiana la transformó en fuente permanente de su imaginación. En tanto que allí se realiza la vida con sus alegrías y sus fracasos, sus festines y sus reveses. Sus ilusiones y sus esperanzas. A veces, similares a cuentos. Otras, a poesía. Unos más, a leyendas. Unos y otros, cercanos a la gente. Al pueblo que los motivó, o a cualquier lector que los hizo suyos, parte de su vida. Allí seguirán sus textos actualizando su vida e incitando a que la nuestra, la de quienes seguimos vivos, encuentre en ellos secretos para no desesperar ante el desencanto de la cruda realidad. Cánticos para la esperanza.