Lectura al Sur

Cuando visite a Pasto, no olvide ir a EL PAYANES, ricuras para toda la familia. El Vergel

Cuando visite a Pasto, no olvide ir a EL PAYANES, ricuras para toda la familia. El Vergel
Berruecos y el Cañón de Juanambú, en Nariño, 
desafíos inexpugnables de la historia de Colombia
Juanambú: escenario de las guerras independentistas que forzaron un desconocido tratado de paz
Un bogotano ilustrado, escritor, historiador, investigador, empresario, viajero, jurista a fuerza y hasta cantante, exiliado en San Juan de Pasto, Nariño, busca construir el parque temático histórico más extremo, ubicado en uno de los lugares más inaccesibles del mundo. Con documentos en mano se ha erigido en una especie de “enderezador” de la historia, con no pocos contradictores que lo miran por encima del hombro
Fotos Hever Erazo Bolaños/EL INFORMATIVO
Isidoro Medina Patiño por naturaleza y convicción odia viajar a su natal Bogotá, entre tanto, lidia y hace caso omiso de su familia y amigos, quienes ante algunas de sus ideas, pretenden convencerlo de que está loco. Pero este “loco”, -extrañamente exitoso- teje en el sur de Colombia -en el epicentro mismo de la historia patria- su sueño mayor: Construir un parque temático bajo el marco de un sensorial escenario plagado de sinuosos caminos, profundos abismos, una montaña de oro, densos y sonoros ríos, paramos y bosques inescrutables, valles inexplicables, todo un complejo y épico bastión natural, único en América, que llama a la historia, a la aventura, a la contemplación, al asombro y a la exploración, llamado cañón de Juanambú.
Texto y Fotografías de Hever Erazo Bolaños
elinformativo1995@gmail.com

La cita fue en el CAI del Valle de Atriz, al norte de San Juan de Pasto. Ahí estaban el historiador y empresario Isidoro Medina y dos miembros de su grupo empresarial. Sencillo, accesible, con una figura inconfundible de intelectual, profesor y ejecutivo, tiene un sello que nadie podría imaginar… es una especie de Indiana Jones, criollo. Ya veremos por qué. El destino, un lugar del cual Medina se ha convertido en una especie de precursor y mecenas de quien los mismísimos Simón Bolívar, Nariño, López, Obando, Córdoba, Mosquera, entre tantos héroes independentistas, estarían más que sorprendidos. Vamos raudos por la carretera Panamericana hacia el sur, apretujados en una pequeña Van que acepta el desafío de llevarnos a un lugar citado en los textos de historia, pero insospechado y desconocido.

El viaje trascurre agradablemente en medio de un paisaje verde, vibrante, y de los relatos y anécdotas que fluyen a borbotones de la boca de Isidoro Medina. “Me la he pasado 30 años de mi vida haciendo un intenso trabajo de investigación histórica, lo he hecho no solo en los escritorios, museos y bibliotecas, sino sobre todo, recorriendo los lugares y contrastando con mapas y documentos en la mano y las versiones de los abuelos y campesinos de la región,  los hechos históricos que permitieron que el nombre de Juanambú y Berruecos ocupen hoy un lugar de excepción en la historia de Colombia y América”. 

Ubicado en los límites de los municipios de Buesaco y Arboleda Berruecos, El Parque Cañón de Juanambú es un destino turístico para visitar en el departamento de Nariño.  El 28 de abril de 1814 se libro aquí la batalla de Juanambú. Sus accidentes geográficos, como desfiladeros, montañas, cañadas, mesetas y caminos fueron escenarios de eventos en los procesos de conquista e independencia de la República de Colombia. En este sitio 1700 hombres bajo el mando de Antonio Nariño, se enfrentaron a 2300 de las tropas Realistas como parte de la guerra de independencia.

Como destino turístico se practican diversos  deportes extremos como el rafting

El nombre de Isidoro, aunque parezca extraño, no suena o interesa en los círculos académicos locales; pero, a él esto poco o nada la importa, toda vez, que es un auténtico transgresor y ante todo  un hombre independiente que tiene resuelta su vida.  Su oficina ubicada en el marco de la plaza de Nariño, en pleno centro de la ciudad, vive colmada de personalidades locales, estudiantes, artistas, políticos e investigadores que buscan acceder a uno de los miles de documentos o libros que reposan en su sorprendente biblioteca privada.

En 2004 el periódico semanal norteamericano "El Sol News" reseñó lo siguiente sobre Isidoro Medina: "Hemos dirigido la mirada hacia el departamento de Nariño, y allí ha encontrado que usted es un personaje polifacético, que desinteresadamente y en forma altruista, ha aportado su valioso talento al desarrollo cívico, social y cultural de ese importante departamento colombiano". Los reconocimientos son múltiples y de distinto orden, lo que dice todo sobre nuestro autorizado guia.

Un día, en su amplia oficina ubicada a un costado de la Plaza de Nariño, le pregunte preocupado: “Cuénteme maestro, usted sabe que va a pasar con todo su legado y documentación, el día que ya no esté? Muy tranquilo, me respondió. “Esa pregunta ya me la han hecho antes... la verdad no sé. Por lo pronto ya envié a escanear una tera de mis documentos, pero me falta mucho”.


El enderezador de la historia
De hecho sería un ilustre profesor de historia, de batallas y de estrategias militares, porque es un ex militar que conoce de lo que habla, como que por allá en los 60s, prestando servicio, aplicó inyecciones a la tropa y hasta fue confidente de su superior, un teniente de la época, el mismo que décadas después presidiera la delegación colombiana responsable de la pérdida de medio océano colombiano en el Caribe, tema que diera origen a uno de sus tantos y polémicos libros: “Como ordene mi teniente, perdimos allá en La Haya”. 

Por su osado papel le comenté durante el viaje que llamaría a esta crónica el “…enderezador de La historia”, porque según su concepto, los libros oficiales producen una historia acomodada a los intereses de un solo bando y él está resuelto a acabar con esta tiranía. “Yo me baso en contrastar documentos, testamentos, libros, lo que luego corroboro sobre el terreno mediante un trabajo de investigación de campo y al final publico la verdad, o sea lo que hablan los documentos”.

De Villa Moreno a Chacapamba
A media hora de viaje, la pequeña Van arriba a una población situada a borde de carretera llamada Villa Moreno. Es tal la influencia en la región de este Indiana Jones criollo, - eso sí, sin sombrero, sin sable, ni látigo o cuerda que se le parezca, aunque sí con cierta pinta de actor- sin ser político, ha logrado penetrar en la memoria o conciencia de sus habitantes y motivarlos a reconocer, reconstruir y enderezar su propia historia. “Me enorgullece que las calles adoquinadas que se observan en Villa Moreno se lograron por gestión mía, pues he sido benefactor de varios de sus habitantes y he logrado crear conciencia en ellos para que conozcan, se apropien, defiendan y divulguen la historia de su pueblo”. De este proceso con la comunidad local se logró rescatar su antiguo nombre Chacapamba, el cual luce en la plaza del pueblo y disputa ahora el de Villa Moreno.


Avanza el viaje por una ruta pavimentada, en buenas condiciones, que une a Pasto con Popayán, conocida como la carretera antigua. Bernardo Santacruz, reconocido profesional pastuso, directo descendiente de José Ignacio Santacruz Caicedo, quien nos acompaña en el viaje, mengua las ganas del desayuno con unas enormes manzanas verdes, que amablemente nos comparte. 

La deliciosa gastronomía nariñense
En algunos trayectos, una espesa neblina se posa sobre la vía y de pronto emerge dentro del brumoso paisaje la población de Buesaco, un municipio prospero, con definida vocación agrícola y de pequeños comercios, como todos en el departamento de Nariño. Allí nos detuvimos para tomar una deliciosa taza de café - en la región se produce uno de los cafés mas suaves y ricos del mundo- acompañadas de una generosa porción de ricas empanadas de hojaldre y arroz, aderezadas con un exótico ají de maní. 


Descendiente de un personaje ilustrado
Departimos este momento con la compañía inesperada de un hombre con una calva reluciente, un ingeniero pastuso, amigo de aventuras de nuestro indiana Jones, criollo, quien como casi todos los habitantes de la zona, termina inexorablemente ligado a la historia, la que bien conoce Isidoro con pelos y señales. Se trata de Ernesto Burgos López, descendiente de Leopoldo López Álvarez, famoso humanista, profesor, poeta, traductor de griego y cuyo nombre preside el Centro Cultural del Banco de la República de San Juan de Pasto. 

"Leopoldo López Álvarez (6 de mayo de 1891-San Juan de Pasto, 1940) fue un profesor y juez colombiano conservador. En la casa que habitó los últimos años de su vida, ubicada en la carrera 22 Nº 17 - 31, funcionó durante mucho tiempo un museo de invaluable valor por su colección de cuadros, pinacoteca que comprendía más de 220 obras, una colección de armas de fuego de la colonia, espadas toledanas, documentos manuscritos de los siglos XVI y XVII, tapices de oriente, cabezas humanas reducidas, instrumentos musicales y herramientas aborígenes, tallas en madera, pergamino, curiosidades arqueológicas, etc. Igualmente se encontraban en dicho museo los manuscritos en griego y latín que empleó el autor para sus traducciones, la imprenta de tipos griegos que él mismo importara para sus trabajos, lastimosamente este museo desapareció en 1975, repartido entre sus parientes.

Ingeniero Ernesto Burgos López, descendiente del traductor de griego
 Leopoldo Lopez Alvarez

Leopoldo López Álvarez ha sido considerado por la crítica como uno de los humanistas más sobresalientes que han existido en América Latina. Se distinguió en la investigación de los valores patrios, en el foro lo mismo que en la cátedra. Fue un especialista en lenguas clásicas, que conoció desde su juventud. Fue profundizando en la Escolástica y las literaturas clásicas hasta llegar a dominar el arte de la traducción, para lo cual sacó a relucir las grandes dotes de poeta. Erudito, profundamente convencido de que la lectura de los griegos y latinos brinda la más alta fuente de conocimiento y formación cultural de todos los tiempos". Fuente https://es.wikipedia.org

Se inicia entonces una fluida y rica conversación colmada de apellidos, linajes, tesoros, documentos, casas, caminos, herencias, anécdotas, haciendas, legados y testamentos. 

Sobre Shirakava
De nuevo en la Van, sobre cuya carrocería se lee Shirakava, le pregunto a Isidoro qué significa este nombre con claras referencias hindúes. Me mira a los ojos, despliega una amplia sonrisa y dispara: “Simplemente se me ocurrió”. Y agrega inmutable “No se que significa”. Lo cierto es que sus empresas y grupo adoptaron este nombre, el cual luce por todas partes en sus negocios de comida, casa de cambios, restaurante, bar, cafetería, arroz chino, anteojos, libreria, biblioteca, casa de apuestas, jugos, etc, ubicados en una de las esquinas más importantes de la capital nariñense. 


A mi derecha, montado en la Van que nos transporta hacia el río caliente, observo que empieza a asomar la boca de un profundo, extenso y verde cañón. Descendemos del vehículo para tomar -al borde del abismo- las primeras fotografías que nos lleva a la aventura de adentrarnos por los inhóspitos parajes del emblemático cañón de Juanambú.

Con cada kilómetro que devoramos, la emoción y la ansiedad se dibuja sobre el rostro de Isidoro, el notario moderno de la historia legada por el cañón. Permanentemente me lanza miradas expectantes, de seguro, ansioso porque mis ojos, cerebro y cámara capten todo lo que aparece a mi alrededor, pero ante todo se interesa porque registre sus vehementes disertaciones históricas. Claro, yo estoy más emocionado que él y atento, quien más, a sus más mínimos movimientos y palabras. 

Isidoro Median Patiño narra a Bernardo Santacruz, 
los hechos ocurridos en el cañon de Juanambú, hace 200 años

Río y cañón con virgen propia
De pronto, asoma el puente sobre el río Juanambú. Nos detenemos, bajamos del vehículo y observo arriba sobre mi cabeza una imagen de la Virgen de Juanambú. No hay en nuestro país, peñasco, río o puente que no tenga su virgen y este lugar no es la excepción. A un costado, sobre un peñasco aparecen varias placas con cientos de plegarias y peticiones a dicha virgen. 



El mítico y peligroso cañón
Avanzo unos metros y me adentro sobre un costado del puente y la verdad que al mirar hacia abajo, el panorama es escalofriante, hiela la piel, da temor. Diviso abajo al río Juanambú, transcurriendo torrentoso, encañonado, entre dos laderas de no más dos o tres metros de ancho, para retomar aguas abajo su anchura normal. Hace 200 años, cuentan los cronistas, dichas  aguas bajaban teñidas de rojo, producto de la sangre derramada por soldados de uno y otro ejército.


A los pocos minutos el vehículo se desvía de la carrera principal y se adentra por una angosta ruta sin pavimentar, la que como una culebra, penetra entre parajes desconocidos que avizoran sorpresas e intensas emociones. No muchos han transitado estos ríspidos caminos en los que reposan las huellas de los héroes ilustres de la independencia, los que de por si, respiraron, vivieron y lucharon por donde ahora trasegamos, lo que nos hace soñar - al menos por algunas horas - de que somos también una especie de nuevos conquistadores.

"Un río que baja en medio de espantosos riscos"
No exageraban los cronistas de la época cuando plasmaban en sus misivas estos textos: “…el Ejército llegó á las orillas escarpadísimas del río Juanambú. El 12 de Abril pernoctaron las tropas en las orillas de aquel río que baja por en medio de espantosos riscos, peñas rodadas, sombreado por altísimas rocas, sin margen en una y otra ribera, correntoso, arremolineándose con insólita furia que causaba pavor y ensordecía con un ruido tempestuoso y continuo…”.

Ahora, teníamos ante nosotros los “espantosos riscos y el ruido tempestuoso y continuo” que narraba el cronista hace 200 años. Que fascinante sensación aquella de ver con nuestros propios ojos y sentir en nuestros asolados cuerpos la presencia de esta naturaleza avasallante; de seguro, un paisaje único en América, y por ello los testimonios de los cronistas de Indias. 


En la humilde casa de Leandro nos reciben con un delicioso jugo de maracuyá cosechado en la pequeña finca de sus padres. Entre tanto un artista lugareño improvisa algunas canciones que ha compuesto a Nariño y Bolívar y le dedica una improvisación a Isidoro, lo que da cuenta cómo la cultura local está imbuida con su propia historia. De paso este artista popular aprovecha para hacer críticas y denuncias frente al abandono y la pobreza en que los mantiene el Estado y los gobiernos locales. Dejamos allí el vehículo y continuamos a pie. Con cada paso vertiginoso de Isidoro por entre montañas, pequeños valles y bordeando la boca del gran cañón, yo me retraso a propósito, para tomar fotos y videos, y ser testigos junto a Bernardo Santacruz, del por qué este hombre permanece subyugado de pies y cabeza por el espíritu de estos asombrosos parajes, como de lo que aquí ocurrió 200 años atrás, lo que exige tener algo, no poco, de la enjundia de los héroes patrios, como de Indiana, el héroe de Hollywood.


El desconocido “tratado de paz de La cañada” que se disimuló "por dignidad" bajo un decreto, fue a parar en secreto a Londres, Inglaterra, todo porque le dio vergüenza al grupo de patriotas encabezados por Bolívar de que se conociera lo que en verdad ocurrió en Juanambú, cuyos verdaderos "responsables" no fueron otros que, el inexpugnable río, las perpendiculares montañas y los gigantescos abismos, no las armas y la estrategia militar, pues primó la desafiante naturaleza, acompasados de la inteligencia y la prevalencia que dieron a la vida humana, quienes se enfrentaban.

Según el propio Isidoro: “El Tratado de la Cañada del Juanambú” fue un acuerdo negociado, concertado y aprobado en aquel día por Simón Bolívar y los jefes militares del levantamiento en el Sur y otros lugares del país en contra de su dictadura, los generales: José maría Obando y José Hilario López (ambos fueron posteriormente Presidentes de Colombia). Este tratado fue ratificado por Bolívar, el cual lo avala expidiendo un decreto presidencial, una vez que sus comisionados lo firmaron… En resumen en este tratado (el de La Cañada del Juanambú), se consignan unas condiciones muy benéficas para los Pastusos, principalmente para sus jefes y deja en desventaja a Bolívar, en su condición de Libertador y Presidente; quien pide a Obando que el mismo se mantenga de forma secreta, para preservar su dignidad.

De esta forma Simón Bolívar evito enfrentarse a las Milicias Pastusas y Patianas, que estaban apertrechadas en el Juanambú e impedían que Bolívar se encontrase con Sucre y Flórez que estaban consolidando el proceso independentista en el Sur (Perú y Ecuador). Este hecho histórico poco conocido, está suficientemente documentado en los escritos de José María Obando, José Hilario López, Tomas Cipriano de Mosquera, José María Córdova, Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, José María Restrepo y en los libros de Historia y en las Biografías de estos próceres de nuestra historia. En esencia este tratado marca el fin de la autonomía pastusa y el inicio de una “falsa” independencia”. La supuesta “victoria” patriota en el cañón de Juanambú abrió la ruta a Pasto y permitió la continuación de la campaña de Antonio Nariño y los independentistas en el sur del país.


Metro tras metro se observa un despliegue variado de colorida flora, arboles frutales, lagartijas, pájaros, y un follaje de tonalidades verdes, atravesados de cuando en cuando por neblina, densas nubes y corrientes de aire que golpean nuestros rostros, lo que indica que estamos también bajo el influjo del gran macizo colombiano ubicado a pocos kilómetros en la frontera con el departamento del Cauca, igual sobre la frontera misma del pie de monte amazónico, pulmón del mundo. Por algo, Humboldt, Caldas, Codazzi, Boussingault, entre otros hombres de ciencia y escritores que exploraron la zona, al igual que Isidoro Medina, quedaron absortos de por vida con lo esplendoroso de lo observado en el sur de la Colombia profunda y desconocida. 


Luego de al menos una hora de caminata por entre riscos, parajes solitarios y una mágico paisaje que cambia a cada paso, con la imponente montaña de Berruecos vigilante a nuestras espaldas, por fin Isidoro se detiene al final de uno de los riscos que acabamos de coronar, nos reúne a todos y con su corazón henchido y su potente voz que compite con el bramido del río que estalla bajo nuestros pies - y sin demostrar el más mínimo cansancio tras la fatigante jornada- despliega cuan largo su brazo derecho, señala sobre el terreno e inicia una didáctica y estremecedora disertación sobre lo ocurrido allí, una serie de sucesos militares que contribuyeron a sellar la independencia de Colombia y dieron forma a su actual territorio.


El sueño del parque temático histórico
Decidido, su voz retumba: “Voy a instalar un teleférico, también varias tarabitas, y aquí sobre esta planada construiré un hotel y un restaurante para comodidad de los turistas y visitantes; pediré que el ejército me done las armas, cañones, pertrechos y aviones abandonados que tiene en sus guarniciones, y los ubicaré estratégicamente sobre estos riscos. A los turistas les encantara conocer la historia de lo ocurrido aquí en boca de los propios campesinos y lugareños a quienes he venido capacitando para que narren esta historia. Este es mi sueño, así me digan que estoy loco”. Conociendo su éxito como empresario y emprendedor, de seguro su experiencia y vitalidad servirán para hacer realidad el parque museo histórico La Cañada de Juanambú, que de locura, pudimos comprobar, no tiene nada.


Conocimos que los gobiernos municipales de La Arboleda y Juanambú con el apoyo del departamento y varias entidades nacionales han venido avanzado en algunas obras recreativas de interés, pero falta la emoción y sostenibilidad que le darían un parque temático, que incite a viajar a los visitantes a través de un viaje por el espacio, el tiempo, la historia y la memoria del lugar, representando además con los lugareños las épicas batallas y figuras que dieron forma a este legado independentista, el cual Colombia requiere como un destino histórico de nivel nacional e internacional. 

El desafío, acabar con los villanos locales que se roban la plata
Aunque en el cañón no hay templo maldito, ni malvado a quien enfrentar como en la película de Indiana, si supe que existen cierto tipo de villanos locales que se han robado varios millones de pesos destinados al parque recreativo, los que de seguro nuestro Indiana Jones criollo, sus aliados y la justicia sabrán enfrentar y resolver a tiempo para que el parque avance y se haga realidad.

Imagino las sensaciones y emociones que traería atravesar puentes y tarabitas, ascender por los empinados riscos, navegar por el caudaloso río, explorar el inmenso cañón, para luego terminar la jornada contemplando el inmenso cañón desde el mirador de un cómodo hotel, cenar y conversar plácidamente en un espectacular restaurante giratorio, eso si en compañía nada más y nada menos que de un guía y anfitrión ideal, nuestro osado Indiana Jones, criollo. 

Luego de indicarnos cada uno de los lugares de este portento natural y reseñar lo que allí ocurrió, Isidoro, finaliza: “Allí en aquella punta se paraba Nariño a meditar, a escribir y a planificar sus estrategias militares”. Alzamos la mirada y no deja de generarnos cosquilleos en el estómago, el saber que un héroe de la patria puso pie junto al risco donde estamos ahora parados. 


Montaña abajo, y de vuelta a la casa de los padres de Marcelo, somos recibidos con un suculento sancocho de gallina preparado por humildes, pero nobles y leales campesinos originarios, quienes se preparan como historiadores empíricos y flamantes guías del futuro parque temático. 

Con un efusivo saludo nos despedimos de las gentes de esta región, cuya propaganda establece que tiene “el mejor clima del mundo”, y vaya que si lo comprobamos, pues disfrutamos durante esta jornada de un clima seco, entre frío y caluroso, con agradables ventiscas provenientes del empinado filo de Berruecos y las montañas vecinas que hacen agradable la estancia.

De regreso a la ciudad, la pequeña y resistente Van, corcovea sobre el cañón, las duras cuestas de la antigua carretera y en la subida de Chachaguí a Pasto. Isidoro y todos cruzamos los dedos, pero no nos dejó tirados y cumplió felizmente con llevar y traer a los osados expedicionarios.

Restos del puente histórico de los Arcos, 
construido en 1866 por el arquitecto italiano Fray Serafín Barbetti

Al fondo el risco de Berruecos

Ya de nuevo en San Juan de Pasto, con admiración y respeto nos despedimos de un héroe malamente ignorado, cuyo trabajo y convicción tesonera permanecen ahí, indemnes, con profundas huellas que nadie podrá intentar borrar, de quien fuimos testigos de excepción de su alucinante sueño, a más de acompañantes privilegiados de sus firmes zancadas tras el intrincado escenario y los secretos militares que forjaron los primeros tratados de paz en las montañas del sur de Colombia, sobre los épicos riscos del Juanambú y Berruecos.

Estos, los que acabamos de conquistar para orgullo nuestro y para envidia, pero de la buena, del propio Indiana de Hollywood, quien de seguro palidecería de la envidia si viera surcando por estos inconmensurables riscos, a nuestro terco e invencible caminante, soñador de un increíble parque temático para el posconflicto, el Indiana Jones, criollo, Isidoro Medina Patiño, "el enderezador" de la historia.

Fuentes: 

 Por Hever Erazo Bolaños
everebo07@gmail.com
elinformativo1995@gmail.com
3123884988